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Cuento de Eutiquio Leal

(Primer premio en el concurso del festival de Arte de Cali, 1968)

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SITIO CON INTENCION DE DAR A CONOCER LA VIDA Y OBRA DEL PROFESOR EUTIQUIO LEAL


sábado, marzo 09, 2013

Entrevista de Mariela Zuluaga con Jaime Mejía Duque

La basura se deja para la novela


Entrevista Por: Mariela Zuluaga García,
publicada en la revista "Gato encerrado" No. 3 - julio agosto de 1980
(Dirección: Eutiquio Leal - Fernando Soto Aparicio - Jorge Eliecer Pardo)





Agresivo y pendenciero como un gallo fino, Jaime Mejía Duque ha dado bastante qué hablar desde que está metido en el oficio de crítico literario (y tal vez desde antes). Algunos se refieren a él despectivamente considerándolo engreído, unos pocos le temen y un buen número lo respeta y quiere. Pero todos juntos no saben de Jaime lo suficiente como para hilvanar su historia. Una historia que "refleja las peripecias de la descomposición del viejo régimen patriarcal", según sus propias palabras.



Olímpico y pedante


Jaime Mejía Duque - Nació en Aguadas -Caldas- (y no en Medellín como se cree). Por línea paterna desciende del poeta Epifanio Mejía y desde que tuvo uso de razón sé enfrentó a un padre alcohólico y andariego. Ese conflicto padre-hijo, mitificado en el legendario complejo edípico, también lo ha acompañado en el transcurrir literario. Hay quienes creen encontrar allí el origen de una cierta posición agresiva frente a la tradición literaria colombiana que le ha valido -además- la imagen de "olímpico y pedante". Es en torno al significado de estos dos adjetivos que iniciamos un largo e interesante diálogo. "Son ciertamente imágenes -dice-. Pero dejemos al tiempo y a otros lectores, la tarea de despejar esos paisajes neblinosos. Yo solo sé, como escritor en proceso y como hombre consciente de vivir y pensar en mi época, que digo lo que honestamente considero digno de ser dicho y en la forma que creo en cada momento adecuado a mi perspectiva. ¿Pedante?. Bueno, si ser afirmativo es eso, nada puedo mejorar en esa dirección. ¿Olímpico?. Si se califica de olimpismo cierto sentido del decoro, de la autonomía y del propio derecho a no corear lemas que a uno le parecen sospechosos, tocará seguir pareciendo olímpico. Pero la verdad es que quienes me han tratado directamente y con frecuencia, opinan lo contrario. Y si por ahí se va creando algún "personaje" que quisiera imponérseme, declaro sin ambages desde ahora que voy a luchar para evitar que ese fantasma se me pegue al cuerpo. En este mismo sentido dijo -y escribió- Borges un día: "yo no soy Borges, Borges es el otro".




La epopeya de la vida burguesa


Jaime Mejía Duque tiene cabeza de águila pero su mirada no es igual a la del imponente rapaz, porque sólo ve bien por un ojo, (al otro se le desprendió la retina hace cinco años). Pero éste no es obstáculo para que pueda leer doce horas seguidas, ni para que lo haga a la luz de la luna. Y esa lectura tenaz y persistente -como todo lo suyo- le permite ahora comentar (sin un parpadeo) el planteamiento de que la literatura colombiana no ha encontrado aún las dimensiones, la profundidad y los procedimientos de la gran epopeya: (1) "Sencillamente, la "gran epopeya" es imposible ahora en una sociedad industrial, capitalista y demás. Recordemos a Marx en su célebre prólogo a la Crítica de la Economía Política, cuando habla de los griegos y de nosotros, los modernos. Ese retomo es una utopía. Lo que pasa es que hablamos en términos generales de la novelística como un género "épico". Sin embargo, como dijera el joven Lukács, la Novela es ya la epopeya "de un mundo sin dioses". O sea, la epopeya de la vida burguesa. Situados con más propiedad en el terreno, ahora sí podemos afirmar: esta épica burguesa, que es la narrativa cuyos cuadros referenciales nos vienen de Europa - ¡qué le vamos a hacer...!-, promete innovaciones interesantes en América Latina. Aquí, fijémonos bien, la novela en sentido estricto nace cuando carecemos de auténticas burguesías nacionales, como un reflejo literario de los narradores románticos europeos. Y comienza a afirmarse, del naturalismo para acá, cuando nuestras recién nacidas burguesías son epígonos decadentes de la burguesía tradicional que comanda ese capitalismo colonizador e imperial que nos convierte de entrada en sus satélites y sus meros proveedores de materias primas".

¿Hegeliano yo?, Qué honroso!

Jaime ha mencionado a Marx (antes había dicho "si el marxismo no sirve para mejorar al mundo se bota a la basura") y yo he recordado la afirmación que me hiciera algún amigo: "Jaime Mejía no es Marxista, se quedó en Hegel". ¿Es eso cierto?. Y pensando tal vez que la culpa no la tiene el amigo sino yo por preguntarlo, se me enfrenta burlonamente: "Caramba, qué broma tan  honrosa! Lo   que  pasa es que, cuando no se ha leído a Marx  sin anteojeras, se ignora que Hegel vive en Marx, "invertido" y todo, etc. etc. etc., y en toda nuestra época, como ha de vivir un pensador que prácticamente inauguró una era de pensamiento y de acción que aún está muy lejos de concluir. Me enorgullezco de haber leído la "Fenomenología del Espíritu" pensando en formas novelescas inéditas aún. Eso es todo. O casi todo". Bueno, no es para tanto!, digo yo, y trato de retomar el hilo con mis "capciosas" preguntas (así fueron consideradas por Jaime). Pero... aún continuamos entonces con una literatura que no ha podido superar su dependencia cultural?  Un tanto  apaciguado pero con vehemencia, responde: "No exageremos! Hemos entrado, a todo nivel, en la crisis y en la crítica del neocolonialismo. La gran ruptura la marcó el triunfo cubano. Y esto cambia, por fin, los términos de la relación dominadores-dominados. Ascendemos sin cesar. Ahora sí, ascendemos. Y nos universalizamos, al asumir nuestro destino, o al menos al vislumbrar y defender desde ahora nuestra perspectiva de autonomía nacional y de integración a una universalidad real, solidaria, en plena revuelta. Claro está que no nos encontramos solos. De hoy en adelante, nunca estaremos solos. Así que en estos momentos, no sólo en Colombia, sino también en todo el continente y en otros lugares del antiguo mundo colonizado, van surgiendo una literatura y un arte más propios, más genuinos. No importa que sean todavía poco abundantes en "obras maestras". Lo que cuenta es lo fundamental, o sea el hecho de que nuestros escritores, artistas e intelectuales vislumbren ya estructuras originales en su propio medio y vayan creando la expresión verdadera, reconocible, que corresponde a esas estructuras emergentes de sentido".

Hay que sentir necesidad de ser escritor para serlo

Cuando Jaime se salió -a los 14 años- de la casa paterna, ya le había hecho a su madre la promesa de ser escritor. Ahora sobrepasando los cuarenta, siente que no ha cumplido su palabra, pero sabe con certeza cuáles son las condiciones que requiere un poeta y/o narrador para serlo:

"Ante todo, que lo que escriba tenga un sentido coherente en sí mismo y un nivel de generalidad artístico-literaria (-rigor y necesidad del verso o la prosa, amplia comunicabilidad de la forma, etc.-) suficiente como para que cada lector, colombiano, hispano, y de cualquier otro país o lengua, pueda decirse ante esos textos: esto me compete a mí, esto me habla del mundo, esto me solidariza con el resto. Y ya sabemos que lo que llamamos estilo, por ser una estructura funcionando como sentido autosuficiente, nace de una concepción que ubica al escritor o poeta de una manera creativa y abierta en él universo lingüístico. Sin esa honda necesidad interna es posible, y se ve todos los días por lo que se publica, producir artefactos de palabras, una tras otra: eso no es aún, no lo será jamás, lo que llamamos "obra".

Somos occidentales, y qué?

Pero si Jaime Mejía Duque no ha llegado a cumplir su primera intención frente a la literatura, sí ha logrado calidad de crítico. En este sentido se dicen varias cosas: Que no llega a crítico sino que se queda en comentarios eruditos en torno a las pocas obras de que se ocupa, y -aceptando que hace crítica- que es extranjerizante. Levantando su cresta endiablada resume así su posición: "Ambas opiniones simplifican demasiado. Yo, simplemente, me remito a un lector más atento y, en todo caso, de buena fe, en el sentido común de esta expresión. Que no trampee consigo mismo y con mis textos. Y en cuanto a los "parámetros" impuestos por la civilización europea, es una muletilla de apoyo para algunos latinoamericanistas a ultranza. Somos occidentales desde el principio de nuestro período colonial. Antes hubo otra cosa, y lo sabemos bien. Pero nuestro idioma,nuestras costumbres actuales, nuestras religiones, nuestros esquemas de pensamiento y aun de sensibilidad y perceptivos -en el sentido serio del término-: todo eso es occidental, es decir, mediterráneo o europeo. Nada de eso es chibcha, ni inca, ni maya, ni japonés, ni coreano... Ahora empezamos a darle a todo eso cierta entonación muy latinoamericana, pero esto es distinto. La novela misma, viene de la concepción del género narrativo burgués-europeo. Aportamos lo nuestro: contenidos propios y, finalmente, unos estilos individuales. Pero aquí no se inventó la nóvela. Ni la antropología, ni el marxismo, ni la sociología, y pare de contar. Esos son los marcos y las metodologías de un pensamiento universal. Si tenerlos en cuenta, para pensar a partir de ellos con cabeza propia, es ser "europeo" y "extranjerizante", que me pongan en la lista. Pero exijo que pongan ahí también a Bolívar, y a Fidel, y los mejores escritores y pensadores, revolucionarios o no, que hayamos producido en toda América".

Poca literatura produce poca crítica

Pero extranjerizante o no, Mejía Duque es sin duda uno de los pocos "gallos" de la crítica colombiana y es a él a quien corresponde explicar a qué se debe tan poca competencia: "Básicamente, -responde- a la escasez de una literatura pareja, de nivel óptimo. Es decir, la literatura, también en su expresión crítica -creadora- (-pues se crean "valores" en el ámbito global de una cultura-), está naciendo entre nosotros. No hay que escandalizarse por ello: es la dependencia neocolonial a todos los niveles y en todos los campos, que nos ha impedido largamente ser nosotros mismos. Esto, a escala histórica. Pero cada quien es activo a su manera. Tiene que forjarse contra la pasividad o la inercia del pasado. Tiene que trabajarse, o renunciar a la farsa del escritor que no escribe".

Y profundizando un poco más para tratar de entender la razón última del "ser crítico" nuestro personaje responde cómo asume el crítico una función desalienante o descolonizadora: "No hay sino una manera, la más grande -dice como encontrándose a sí mismo- considerándose parte activa, deliberante, de una totalidad en movimiento a la que podemos llamar liberación material y cultural de nuestros pueblos. Y responsabilizándose de su tarea como pensador y creador de imágenes que ayuden a vivir sobre el supuesto de una nueva y más humana visión de la vida. Para obrar así, escribiendo -que es la forma de acción de quien escribe-, no hay que ser predicador. El llamado crítico literario, es un hombre que, para América Latina, ya no cabe en la categoría heredada del "crítico". Pues nuestra visión de la escritura, para una historia que es otra, implica concepciones distintas de la antigua función docente, judicial y burocrática del pensamiento literario. Aquí entro también en un terreno en donde tendríamos que internarnos para largo".

Bueno, y es que Jaime me advierte que -debido al número de preguntas que le formulo- sólo dirá lo que piensa de cada tema y "en ningún caso todo lo que pienso". (El subrayado es del crítico).

Estudié derecho para no alquilarme a los periódicos


Para cualquier persona la pérdida de su brazo izquierdo y parte de su mano derecha hubiera sido el final. Para Jaime Mejía Duque, no. Ese día fatal, (no había cumplido los quince años) cuando falló el explosivo que preparaba para vender (se sostenía vendiendo pólvora en las navidades) e hizo conciencia de que viviría sin un brazo, decidió que ahí comenzaba su historia. Y durante algún tiempo luchó contra su brazo ausente y se defendió como pudo hasta con armas cortopunzantes- de un mundo hostil que no acepta a mutilados y pobres. Así, estudió derecho "para no alquilarme a los periódicos y para salir, físicamente, de la miseria a la que mi rebeldía infantil me lanzó desde el comienzo en ciudades desconocidas".

La mutilación física le ha traído también complicaciones judiciales. A raíz del ajusticiamiento de José Raquel Mercado por parte del M-19, fue confundido con el "Manco del clavel rojo". Y este equívoco fue posible por cuanto Mejía Duque antes de usar la prótesis que le reemplaza su brazo izquierdo, lucía una flor en la solapa. "No era clavel -recuerda- se trataba de una rosa que llaman Cecilia y la usaba -tal vez- como una cohartada sicológica".

Nuestra literatura nace decadente

Y anunciándole que será la última pregunta -por ahora- regreso a la literatura para decirle: En algún sitio (2) usted comenta "...a la postre no es sino el decadentismo precoz de una literatura que apenas busca sus puntos de referencia..." ¿Cómo puede ser decadente una literatura que apenas comienza? ¿Cómo se justifica la antología de Pachón Padilla?. -Vayamos por partes. Ante todo, sólo viendo desde un punto de vista lógico -formal es decir, no dialéctico) mis palabras sobre el decadentismo precoz, se puede encontrar extraño lo que allí digo. El término "precoz" indica, justamente, que se trata de un fenómeno "anticipado", pues nuestra literatura comienza. Por cierto, este comienzo es largo como tal, o sea: la etapa del despegue ha sido lenta. Pues bien: en la narrativa se vienen produciendo, con aciertos parciales y aún memorables, desde luego, libros que se ubican, por su estética subyacente, en las etapas degradadas del naturalismo, por ejemplo. Es decir, en la decadencia de la escritura naturalista. Pasando pues al otro punto, me explico: en Colombia se ha venido, muy arduamente, elaborando una escritura literaria, en prosa y verso. Claro es que, en poesía propiamente dicha, nos ha ido mucho mejor. Pero en prosa... Intuiciones espléndidas desperdiciadas a montones. Prestigios transitorios, a rodo. ¿Y qué? Pero el Cuento ya está rindiendo un poco más. Así que la Antología de Pachón Padilla se justifica enteramente, aunque no todo lo que él recoge sea digno de antología. Pero, en conjunto, el esfuerzo es fecundo y tiene razón de ser. Es que, repito, el cuento, que no requiere un esfuerzo ni un rigor artístico muy prolongado, sino un golpe de vista rápido sobre las posibilidades de una anécdota o un pequeño corte en la realidad tematizada, se logra todavía mejor entre nosotros. La basura se deja para la novela, en esa concepción espontaneísta, facilista y ultra-subjetiva del género, de que se hace gala en el provincianismo colombiano. Esta egolatría facilista es lo que hay que golpear, aunque se nos malentienda (-durante algún tiempo, al menos-).

El dialogo apenas comienza. Pero como el espacio es corto tuve que dejar muchos temas sin tocar. Por ejemplo no hubo tiempo para preguntarle sobre sus amores y sobre otras tantas cosas que todos queremos saber de él. Supe, sin embargo, que es un hombre permanentemente entusiasmado, tanto que un amigo suyo le dice con frecuencia: "Hombre Jaime, usted vive ebrio, venga tómese un aguardiente doble para que se calme!".

1) Jorge Child, "LAS CHIRIMÍAS DE AMERICA". Gato Encerrado. Mayo-Junio, 1980.
2) Magazin Dominical, Mayo 4, 1980.
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Publicada en "Gato encerrado" No. 3 - julio agosto de 1980
Editado por Serafín Guerrero 24 de febrero de 2013 


domingo, febrero 24, 2013

EL AMO DE LAS SIERPES

CUENTO de Eutiquio Leal

Los animales del día
a los de la noche buscan.
Miguel Hernandez

No se disfraza de Diablo
sino el que ha sido y lo es
Laura


Cuentan que tan pronto supuso estar casi en la corona del poder volvió a acordarse de su vocación: su entretenimiento preferido desde cuando en la escuela un maestro le había despertado su afición zoológica, y muy particularmente por la herpetología. Durante todo el resto de sus años compraba o hacía importar cuanta serpiente venenosa pudiese, o de vez en cuando salía al monte en busca de culebras. Las cogía con horqueta y lazada, se divertía con ellas, las cuidaba amorosamente. Siempre lo sedujeron la armonía de cada zigzag, el ritmo sigiloso de cada ondulación, los escorzos undívagos, la sensualidad desesperante de todo serpenteo. Contemplando la delicadez lasciva de esos largos y finos talles ondulatorios él se sentía entusiasmado, conmovido en la esquiva lujuria de todo reptar.

Parece que al considerarse ya reinante, este Lunes de medio junio mañaneó en sudadera a su serpentario particular situado al fondo del patio trasero de su residencia. Lo encontró irreconocible, como si no fuese de su familia: abandonado, sucio, hediondo.  Allá en su interior, prisioneros, no quedaban sino los ejemplares más resistentes, deformes y feroces, pues los pequeños y menos fuertes habían desaparecido: nunca se supo si por voracidad o descuido o complicidad. Ahora le fue dolorosamente fácil hacer el rápido inventario de memoria: una taya equis tropical, un crótalo calentano que era su predilecto, y una víbora europea. Las tres culebras notoriamente desentresijadas, debiluchas, lánguidas. Hasta el colorido de la decoración propia de cada una, antes luminoso y vivaz, se había tornado difuso, pálido, envejecido. Lo único que no se había modificado durante tan veloz campaña era el timbre del cascabeleo de su crótalo mayor. En todo aquel caos de la política ninguna serpiente había cambiado de piel, tal vez debido al hambre o a la sed, al abandono o a la época. De todos modos eran unos ejemplares que, no obstante su deterioro, aún dejaban presentir visos multicolores, pequeñas escamas sugestivas, arabescos ingeniosos que a él le remitían a las primeras visiones enfermizas de su adolescencia. Hacía memoria de ese juego cegante de luces candelillas, como de carnaval, y maldijo la hora en que su ambición de charreteras lo alejó de sus mimadas culebras. Entonces se propuso ayudar más a sus padres, desvalidos últimamente.

Según alguien, lo primero que hizo entonces fue increpar a sus criados y pensar que les anunciaría pronto la brasa del despido para ese fin de mes. Luego puso agua a sus consentidas y salió furioso y precipitado a traerles ratones, por lo pronto. Esa misma mañana decidió no volver a abandonarlas jamás y se hizo al ánimo de dedicarse, con mayor esmero, a la faena de visitarlas dos veces al día: antes del desayuno y después del almuerzo; personalmente cambiarles el agua y llevarles polluelos además de sapos y ranas que compraba por lotes en el criadero de los laboratorios universitarios. De todo ese acopio de bastimento los mejores bocados siempre fueron para su crótalo mayor, preferido desde el día que se lo trajo un culebrero profesional hacía ya más de doce años.

Antes del trote de la campaña había reunido a sus nuevos criados para enseñarles que la serpiente del Paraíso Terrenal, aunque había engañado a Eva con la manzana, sin embargo no hizo el menor intento de agredirla ni le causó daño alguno. También les enseñó el cuadro de la Inmaculada en que la Virgen está pisando una inmensa culebra y el animalito ni siquiera amaga abrir su boca inofensiva. Por último ostentoso les regaló el espejismo de una enorme serpiente de caucho, inflada a reventar, muy vistosa y apacible. Pero pronto esto fue para un desastre, pues una tarde en que los tres criados estaban tratando de acostumbrarse a ella les estalló sorpresivamente en un estruendo sobrecogedor. Los tres cayeron privados al piso, y el amo hubo de llamar de urgencia a su médico personal para que los volviera en sí. Entonces se arrepintió de haberlos tratado como verdaderos esclavos.

Durante los veintiocho soles y lunas de su fugaz campaña, había ocupado toda su fogosidad en reuniones secretas con los altos jerarcas naturales de la opinión, con los más antiguos generales de las fuerzas ocultas, con los jefes clandestinos del narcotráfico y de los grupos paramilitares. Todos sabían de su viaje a la capital del imperio y de sus compromisos internacionales, pero nadie se atrevió nunca a mencionarlo en las reuniones políticas. Durante aquellos veintiocho días y noches él había dejado a sus consentidas al cuidado de la servidumbre casera, olvidando tal vez que sus criados sentían un pavor perverso y una mala gana ancestral por las serpientes. Embriagado en el relámpago de su vertiginosa campaña, incluso omitió el mal agüero que ellos hacían extensivo hasta la misma alambrada del jaulón. Después, y para que lo observasen a espacio y se fuesen disuadiendo de sus prejuicios contra las consentidas, dio en distenderse boca-abajo cerca del jaulón después de haberlas complacido en todo.

Han dicho que allí se tendía en actitud de reptar y discurrir... que para su posesión se despojaría la indumentaria de civil y, así, de militar, daría forma a la liturgia de sus trances oficiales. Se ajustaría las botas negras estilo napoleónico, encajaría sus piernas y sus protuberantes glúteos en los ceñidos pantalones de paño de billar, galonados de azul turquí. Enfundaría su estrecho tórax y su amplia giba en la guerrera, enjalmada ya de rosetas tricolores y de medallones ficticios, mientras tanto. Finalmente se coronaría a sí mismo con el kepis de visera de charol y se pondría firmes frente al espejo, con todo el rigor clásico de los entrenamientos y las paradas de honor. Precisamente para eso antes había seguido fielmente un curso completo en la Academia Militar donde, con suficiente anticipación, lo adiestraron en los principales pasos y cuadres y saludos del prusianismo más moderno. Así, de momento se tomaría el poder, por lo que pudiese ocurrir con eso del auge del movimiento guerrillero nacional. Se proclamaría a sí mismo, en el más ceremonioso acto que jamás contemplara el código de los protocolos occidentales. En ese momento supremo de su vida democrática y republicana exclamaría en tono solemne de sermón bíblico: "Tomo posesión de la República!", en vez de haber dicho "Tomo el mando del Ejército". Sólo que inmediatamente advertiría su equivocación, pero rápido hizo cuenta que acaso no, y entonces dejó difuminar una tenue sonrisa civil de perfiles pretorianos.

Se rumora que esa semana anterior había dispuesto los detalles íntimos de la ceremonia privada de su posesión y las últimas órdenes para el desfile público que se habría de efectuar, simultáneamente, en la Plaza del Libertador. Los principales caciques del narcotráfico y de los grupos paramilitares deberían guardarle la espalda y el Estado Mayor Conjunto, en pleno, debía rendirle honores dentro de la hermética sala escogida. Al mismo tiempo todos los más connotados caudillos naturales de la opinión y sus dos directorios nacionales, presididos por la encumbrada jerarquía eclesiástica, recibirían, a nombre de él y en público, el desfile de armas y las aclamaciones del resto de la oficialidad, de la sub-oficialidad y de la tropa. La banda de guerra debería ejecutar la marcha triunfal a todo trueno, tan alto que se hiciera oír en Palacio allá por el vientre secreto de la sala de posesión.

Un lejano día de la última creciente de luna, anterior a la campaña de circulación cerrada, había estado haciendo cuentas frente al jaulón de sus consentidas: su crótalo mayor, muy desarrollado, con las dos hileras córneas de 13 cascabeles cada una; la taya más antigua, con tres metros largos y sus rayas cruzadas en letra equis de casi 13 centímetros a lo ancho; las siete corales rabo de ají, menuditas, cortas como las mapanaes y las tatacoas y las verrugosas; los más nuevos ejemplares: tres víboras europeas muy nerviosas y un áspid egipcio alebrestado, recién adquiridos y aún no hechos a la atmósfera carcelaria; un pequeño pitón real africano, que prometía monstruosas proporciones; tres pudridoras interioranas muy negras y dormisiempres. La única parejita de víboras criollas no pasaba entonces de nueve meses de edad, y una de ellas parecía medio cegatona. Aún lucían fuertes y hermosas. Era suficiente motivo para que la orquestación en pajeo delirante de sus lenguas bifurcadas le produjese a él esa excitación inconfesable, que podría ser la causa primera y última de su apasionado entretenimiento herpetológico. Y justo a través de ese entretenimiento lograba hacer alardes públicos de su hombría: esa hombría soberbia de que tanto se enorgullecen los generales, así fuesen como él: civil esfumándose a militar improvisado.

Cuentan que mucho antes, en sus frecuentes tertulias financieras, algunos de sus socios no alcanzaban a explicarse tanta devoción por los ofidios, siendo que a todo el mundo le repugnan y le producen un miedo urticante. A veces les respondía con el relato manido de cierta campaña en el Caquetá. Resulta que una noche de verano el pelotón del ejército gobernante, comandado por su padre, tuvo que acampar en un lucero de la selva, y allí acomodaron los equipos de guerra sobre un árbol caído; dizque al otro día no hallaron ni árbol ni equipos, y sólo siguiendo la ancha serpentina de una huella por el hojarascal pudieron cerciorarse que no se trataba de un árbol caído sino de una boa constrictor de tamaño gigante. En ocasiones les recordaba la costumbre de algunas religiones que adoran a las serpientes porque las consideran sagradas y propiciatorias de la buena suerte, o les insistía en el rito hindú de quienes se ensimisman hasta levitar tocándole pífano a las cobras. Y como si todo esto estuviera muy lejos para la experiencia de sus socios, remataba preguntándoles si acaso no veían a los culebreros de las plazas de mercado, con sus enormes güíros enrollados al cuello y acariciándoles el escalofriante lomo de hielo. Con esto les demostraba que la culebra no es el enemigo del hombre, que muchos creen. Y en prueba de ello ante todos ofrecía alimento en mano a su crótalo mayor.

Dicen que la víspera de su posesión, en plena menguante de junio, no salió de su residencia y todo lo coordinó por teléfono. Ese día, muy temprano mandó llamar al peluquero de Palacio y parsimoniosa mente soportó maniquiur, pediquiur, afeites, depilación, masaje, empolvada, etcétera, y luego lo despidió aún empiyamado y sin bañarse pensando en hacerle un buen aumento de sueldo tan pronto se posesionara. Al día siguiente no se vestiría sus galas de mandarín sino al llegar las dos de la tarde, pues solamente a las tres comenzarían los actos oficiales de su consagración como Primer Magistrado, antes de los agasajos, las condecoraciones efectivas y todo lo demás. Ya llegado el día, vistió la sudadera y se dedicó a contemplarse en el espejo. Así se deleitó consigo mismo, se admiró las pestañas y acarició la barbilla, se amó una y otra vez en todas las posiciones posibles e imposibles hasta caer casi desmayado en su lecho de solitario, como si hubiese decidido no decidir más nada.

Posiblemente ahora sin haber advertido que no se acordó de cumplir su costumbre de atender él mismo a sus consentidas esa mañana, luego de un temprano almuerzo a base de licores fuertes y carnes añejas, según su costumbre reciente se fue a gozar la siesta junto al jaulón. Toda su servidumbre debía verlo ahí de nuevo hasta convencerse que las culebras no son como las pintan. Tendido allí en posición reptante con la mejilla sobre el brazo derecho, poco a poco se quedó fundido pensando en la trascendencia universal de su consagración sobre la República de la democracia en Estado de Sitio. A poco rato mientras lo oían roncar morbosamente, y pensando en congraciarse con él, los tres vinieron en puntillas al serpentario con su labor de cada uno distribuida de antemano. Uno correría el cerrojo, otro abriría la portezuela del jaulón, otro colocaría la artesa del agua en la puerta, otro la empujaría con una escoba, otro lanzaría adentro la bolsa de los polluelos, otro la rompería con un cuchillo enastado en una vara, otro cerraría la portezuela, otro y otro. Pero cuando el crótalo mayor empezó a desperezarse para deslizarse hacia la artesa del agua, los tres saltaron en falso, salieron corriendo despavoridos y volaron a esconderse en la cocina, lívidos, tembleques. El deslizamiento de ese suavísimo reptar nunca fue para ellos, como para él, disfrute y solaz íntimos de indecible autocomplacencia. En cambio calculaban que ya era el momento en que el amo andaría perdido en confusos sueños de victorias fulminantes de contraemboscados, parlamento de faltriquera, militariación de toda la práctica religiosa del país, salud y vida eterna para su padre... pesadillas de auxilio a su madre paralítica, a quien visitaría enseguida de su posesión...

Dizque poco después el criado a quien había correspondido la tarea de correr el cerrojo o la de cerrar la portezuela, no sabían cuál de todos pero uno de ellos hizo memoria de que no se acordaba si lo había hecho. Entonces ése mismo convidó a los otros dos para que lo acompañaran a reparar desde lejos, fuera de peligro. Cuando se resolvieron a ello iniciaron la marcha cuidadosa, pero por ir embebidos espiando hacia el jaulón alguno pisó una cuerda caída, de las de tender ropa, y todos brincaron electrocutados de miedo creyendo que era una culebra. Casi enseguida repuestos del susto siguieron avanzando furtivamente y pudieron escuchar muy nítido el cascabeleo, antes de ver al fiel crótalo mayor enchipado muy junto a los pies de su amo. No alcanzaron a gritar "Virgen santísima” porque en ese mismo instante el amo dejó rodar su pierna derecha sobre la chipa de su consentido.

Parece que ninguno de los criados pensó en acercarse a defenderlo, y los oídos del vecindario no oyeron nada por estar copados con la fiebre de los televisores escuchando y viendo a los panegiristas oficiales y oficiosos que anticipaban la noticia de la posesión del Primer Magistrado. Y cuando los criados tuvieron coraje para volver su vista al serpentario, el resto de las serpientes, la taya equis y la víbora europea ya se habían liberado también del jaulón.
Bogotá, octubre, 1983.

Talleres de literatura (1985)


Por: Jaime Majía Duque - Magazin Dominical - Revista No. 97 de Febrero 3 de 1985

Con el auspicio de la Universidad Autónoma de Colombia, en Bogoá; Eutiquio Leal acaba de publicar un libro destinado a hacer historia -a marcar un hito- entre nosotros en materia de pedagogía literaria: "Talleres de Literatura: teoría-metodología-creación". Aquí la última palabra, creación, se refiere al conjunto de los trabajos originales de veinte talleristas o alumnos de esta unidad, la de la Autónoma.

En sentido estricto, Eutiquio Leal es el iniciador en Colombia de esta modalidad organizativa del trabajo literario introductorio y en grupo, encaminado a formar buenos lectores y analistas de textos artísticos (poesía y prosa), y hasta escritores. De antemano ha de entenderse que la aplicación restrictiva de la fórmula, formar escritores no podrá sacarse de esos límites condicionales originarios, si se quiere mantener el verdadero sentido de esos talleres. Eutiquio precisa pues la cuestión de este modo: "... la disciplina y el trabajo, eso sí es susceptible de formar, de fomentar, de adquirir, de desarrollar... perfectamente se puede aprender a trabajar, alcanzar una disciplina de lectura y de escritura, es decir, de oficio (...). El fin principal y específico de la escritura y la corrección de los trabajos literarios producidos individual o colectivamente por sus integrantes. En este sentido, el Taller es un laboratorio, donde se accede al conocimiento y a la experiencia partiendo del hecho concreto de su producto; allí se aprende haciendo y se perfecciona practicando al tenor de un milenario principio que dice: "quien oye, olvida; quien ve, recuerda, y quien hace, aprende".

Partiendo de una concepción no muy precisa aún -naturalmente, con la ulterior experiencia fue haciéndose más realista-, y en 1962 Eutiquio fundó en Cartagena, apoyado por la universidad local, el primero de tales grupos de trabajo. Se le llamó Juicios del Paraninfo, debido a que todo se inició en forma de "juicio público", en el salón de actos de la universidad: "allí mismo el defensor exponía los valores literarios y humanos de la obra, al tiempo que la defendía de posibles malas lecturas o calumnias interpretativas... la concurrencia intervenía con sus opiniones y terminaba emitiendo también su fallo a la luz o a la sombra de los argumentos esgrimidos por el acusador y por el defensor. Con esta misma modalidad forense ejercíamos de talleristas los sábados en la tarde".

Así lo recuerda el autor en su informe ante el Segundo Congreso de Escritores de Venezuela, reunido en Caracas en mayo de 1981.

Y como el Taller tiene que funcionar con miras a la eficacia del proyecto pedagógico que lo funda, ha venido institucionalizándose bajo la forma -secretamente ambigua- de un servicio de extensión de las facultades de Humanidades. Este libro incluye, en consecuencia, no sólo algunas exposiciones teóricas (de Eutiquio, como director del Taller, del rector de la Autónoma, y hasta del suscrito, invitado a la inauguración del grupo, aquella noche del 4 de noviembre de 1982), sino además sus diversos reglamentos, reunidos en la sección titulada "Documentos organizativos". Ellos son: Principios Generales (lo que es y lo que no es el taller), Objetivos (específicos, teóricos y generales), Particularidades metodológicas (ciertas pautas de trabajo), Derechos de los Talleristas, sus Deberes y sus Prohibiciones, Funciones de las Secciones, y Funciones del director.

Todo lo anterior convierte al libro en la primera guía, suficiente por lo concreta, para la creación de talleres literarios en cualquiera otro lugar.

Luego viene la parte mayor del volumen, bajo el título Creación, integrada por veintinueve narraciones y siete poemas, 36 trabajos en total, escritos por veinte talleristas.

He aquí, al fin, un genuino manual de tallerismo. Y desde un punto de vista subjetivo, o sea hablando en términos personales, con plena justicia Eutiquio puede así decirles a los lectores: este es mi aporte al desarrollo de las "infraestructuras" de la Literatura Colombiana como institución, en el inmediato porvenir. En efecto, son más de veinte años de una labor tenaz, militante, conscientemente experimental; un trabajo descubridor y delimitador de su propio objeto, vale decir: la escritura y la lectura como "momentos" de una sola dialéctica creativa y para cuya puesta en marcha ya será posible al menos orientar al novicio, colocarlo a conciencia y sobre sus propios pies en ¡os umbrales de su personalfsima, indelegable aventura...

Tal es el sentido hoy evidente, casi obvio, de ese trabajo agobiador, quizá heroico en las condiciones socioculturales de nuestro país. Esta consideración, nada idealista a mi juicio, me induce a calificar globalmente la presencia de esta obra de Eutiquio Leal como un acontecimiento histórico, o sea-memorable, en la tradición pedagógica nacional y, tal vez, en el propio devenir de la actividad literaria del país visualizada, claro está, a escala colectiva, o sea hacia el futuro, como proceso de maduración de las condiciones internas y contextúales de nuestra escritura. •
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Publicado en la página 7 de la Revista "Magazin Dominical" No. 97 del 3 de febrero de 1985


viernes, julio 06, 2012

FUMAROLAS DE ABRIL

CAPITULO I*
Sin pensarlo porque carece de intención, no sabe por qué ni para qué anda. Va entrando al pórtico antiguo, enchapado en cobre y con aldabones de bronce patinado de orín. Altas paredes de piedra revegida, varicosa, maquilladas de verdín arcaico, que se prolongan indefinidamente, y por trechos periódicos dejan salida o entrada de corredores innumerables a ambos lados. Sus pasos resuenan en hueco, si se quiere en falsete, mucho más acompasados que las pisadas de él mismo. Tanto que llegan ensordecedores y desarticulados hasta sus oídos casi sellados y se los perforan dejando un cierto dolor medroso, sorpresivo. Mira de soslayo ante la insistencia de los taconeos, desconocidos aunque presuma que son sus mismos pasos, asaz en sordina irreconocible. Sorprendido y extraño de ojeadas en contorno sintiéndose perdido o perseguido por no se sabe qué sombras o qué voces inefables e inaudibles. De pronto un inesperado pasaje en tinieblas le sale al paso y le deja entrever sus entrañas de claroscuro apacible, solemne, impenetrable. Intenta entrar por él, pero un leve temblor en los músculos de la cara le parece el furtivo anuncio de alguna helada negativa. Continúa ahora escuchando su propio bordoneo de tacones, pero ya los siente en su cerebro, insólitos y sospechosos de inautenticidad. Empieza a ver, allá al fondo, una escasa vislumbre imposible de precisar. Sigue avanzando, más bien moviendo mecánicamente sus pies, invadido de zozobras y sin poder imaginar nada ni a nadie. Se detiene un poco a ver si alcanza a pensar en su vida, sus andanzas, su circunstancia; y no, no consigue entender ni hacer memoria de quién es, qué hace, dónde se encuentra, para dónde se dirige. Es que no llega a hacerse conciencia de sí mismo ni de su familia ni de los demás. Ahora le parece que alguna especie de sombra va delante, muy adelante, sin forma propia y sin dejar oír pasos ningunos sino que va metiendo no se sabe qué género de frío, un yelo que impregna todo el ambiente de pesadilla en que le parece existir. Evidentemente como que algo invisible o inexistente ambula ante él, muy adentro, que no quisiera dejarse identificar, ni siquiera detectar o percibir. Un lejano presentimiento de algo no precisable le invade el corazón y se lo deja pletórico de sinsabores y culpa de aquellas que lo persiguieron en su adolescencia y se le presentaron en sueños de brujas y de espantos. Pero ahora esas diabólicas apariciones soñadas antes se le figuran con sotana y otros hábitos religiosos que esparcen el aroma tintineante de sus camándulas y el aleteo delicado de sus cofias sagradas. La atmósfera del interior entrañada y umbría, no por culpa del sol sino por exceso de ese hollín etéreo o inmaterial, le impide ver algo, así sea a dos brazas de distancia. El acre fragancia de una mezcla de incienso y azufre disimulado por algún toque de tabaco en cocción, posiblemente alcanza a trascender al techo pétreo o metálico, que él adivinaría si buscara explicaciones y entendederas en las alturas. Hasta ahora no se le ha ocurrido siquiera balbucir una de esas oraciones que le enseñó la abuelita Laura, mucho menos repetir en silencio el Padre Nuestro que tanto machacó en sus años de monaguillo y catequista. Sus taconeos inarticulados, e insonoros ahora, según una posible presunción ya no son de él, pues a su perdida sensibilidad aparecen ajenos, de alguien que no está presente pero que sí está a través de las ondas supersónicas que llegarían del archivo del universo o sea la memoria del cosmos. Sinembargo él prosigue dando a veces trancazos, a veces pasos mínimos en la bruma, de todos modos vacilantes y ciegos hacia el frente, ya que no se atreve a dar media vuelta y retoceder. Algo podría quedar atrás, venírsele encima, poseerlo por amor o por venganza, vaya él a saberlo. Ahora le sale al paso un zaguán inmenso, caótico y desolado, que lo asedia cuando intenta evadirlo ya por la izquierda, ya por la derecha. Se ve impelido por quién sabe que fuerza de energía desconocida, y tiene que seguir: a él le parece que va retrocediendo hacia adelante, o algo por el estilo. Ineluctablemente ha de continuar por sitios inextricables, presumiblemente inexpugnable, que solamente pudieran haber existido en sus desvelos nocturnos cuando no quería dormirse para evitar las matemáticas visiones del Diablo encarnado en la persona del Padre Dávila, párroco de su pueblo natal. Siempre que intenta abocar una calle o un corredor o un zaguán, indefectiblemente palpa que algo o alguien lo detiene y le impide seguir por ellos en procura de salida, o aunque sea de una luz. Cada vez que una sombra o un ruido o una voz le ha indicado el peligro, él se ha imaginado un "detente, caminante", aunque sabe que ha perdido la capacidad de intuir y de entender. En ocasiones tiene la impresión de que muros, más que paredes, lo acosan por todas partes y su cuerpo danza aprisionado por una inmensa e intangible tenaza, que podría ser de vida pero también de muerte. Llega el momento en que le parece sentir urgencias de orinar, de plañir, de aullar, maldecir y hasta de llorar exclamaciones atronadoras, pero no se sabe qué instinto primitivo o qué presentimiento se lo atranca siempre que lo intenta. No hay duda: toda entrada tiene que tener una salida, así sea escabrosa o ignorada. Cuál y cuándo, es lo que él ignora y no imagina. Sonámbulo sigue y prosigue atolondrado por algo que continúa sin entender y no le permite cambiar de vientos, pues la brújula de su trayectoria se ha paralizado tal como su misma frente, su mismo destino o su propio periplo de lobreguez y cerrazón alcahuetas. Hasta este momento no ha habido derecho a un solo instante de entero raciocinio ni de voluntad. Una suerte de premonición al revés le abre un claro de aire, un tenue relámpago de plata en su mente. Es ahora cuando hace medio sueño de que estuvo en la batalla, que guerreó intensamente, practicó muchas y dolorosas marchas por entre la selva, pernoctó con sus tribularios bajo la maleza a pleno invierno cerrado, fue herido dos veces con tiros de fusil en combates diferentes, hubo de comer carne de mula y de mico salvaje, compuso canciones a sus guerreros y en esos tiempos soñaba con la liberación de los espíritus, se alimentó sin sal ni dulce durante cinco meses y medio... La casi conciencia de algo en su vida pasada lo martiriza ya que puede ser una mala conciencia, perturbación de su estado actual de inocente primigenio. Se asombra de habitar donde habita, de andar funanbuleando por atajos desconocidos y vírgenes, donde seguro nadie ha puesto sus plantas antes de él, o nadie más vuelva a repetir su viacrucis no religioso ni mistificador. Ahora le cae casi una ráfaga de duda: si no hubiera ido a la guerra, si hubiese encontrado alguna otra alternativa, si le tocaría otra vez, algún día o noche, repetir las peripecias de hombre alzado en armas sin ton ni son, solamente por acompañar a sus actores en la huida hacia la cordillera en una retirada que tal vez no se justificaría en cuanto a las mujeres, los ancianos y los niños. Pero no. Inmediatamente es atacado por la duda, el dolor, la desdicha, el abandono de todo incluso de sí mismo y del destino propio y ajeno, que le da igual. Recula ahora a lentos compases desequilibrados, de nuevo al margen de cualquier horizonte y de toda perspectiva geográfica o durable. El tiempo no cuenta para él ahora, ni el espacio es comprensible cuando solo es un embudo ciego, sin copa ni tubo de salida, ni no. Se tienta desnudo del todo, sin pena ni vergüenza, como purificado de toda veleidad y completa lujuria. Envuelto en tanta opacidad insoportable, acelera, trizca, galopa como si fuera el caballo "Azulejo" que le regalara su padre para hacerse buen jinete desde los cinco años de edad. En semejante tiniebla él no puede imaginarse ahora los secretos y tapujos de la abuelita Laura y la tía Ernestina, cuando le consiguieron la beca para el Seminario, a espaldas de don Pablo Antonio, compraron el ajuar, le midieron ropa y probaron zapato. Un estremecimiento helado y escabroso, un baño eléctrico de esos que ofrecía el cacharrero de su pueblo, le recorre todos sus miembros y sus venas. Neto robot avanza hacia el portalón. Parece que ya no se le escapa, pues sonríe esperanzado y su rostro se le ilumina de un fulgor al rojo vivo bajo la negrura sin límites. No se sabe cuánto tiempo duró aquella iluminación, aquel asombro ni aquella alegría, que desbordaron todas las perspectivas presentes. Lo cierto es que ahora, imperceptiblemente, se le han ocultado las paredes, el piso, los anhelos han desaparecido. Puertas, pórticos, portalones, zaguanes, pasillos, entradas y salidas se han esfumado. Esto no solamente se ha cerrado sino que se borró del todo y para siempre la esperanza y el mundo tenebroso. Sacude su cabeza y reacciona. La soledad de adentro y la de afuera de su materia corporal empiezan a recuperarse. Luego las piedras se van alejando, a los lados y arriba. Vuelven a iniciar su desvanecimiento las sombras subterráneas de su pecho y de los muros. En descenso ha venido perdiendo los ruidos, las voces cerradas y arcanas que él mismo nunca pudo escuchar bien pero está intuyendo dudosamente. Así, en actitud hierática viene desembocando en una glorieta interior, embebida en claridad, en solitaria lumbre, habitada por cuerpos reales y misteriosos inundados de ideales por alcanzar y destinos por cumplir a pleno sol. Sólo que esto no es sino un instante de deslumbramiento, por ahora. El joven se rebela, ensimismado, ante la hosca aparición del general Villate, Villota o Villete: ahora no precisa su nombre. Omnubilado escucha la voz de "firmes". Deniega. No quiere ser militar de esos, pero se ve así, en posición de parada militar inconmovible. La lumbre ha menguado poco a poco hasta desaparecer casi del todo, y él no sabe de nada, tal como antes no lo ha sabido. Todo ha sido tropeles de relámpagos. En esa posición lo encuentra la abuelita Laura, al cabo de muchos días. Pero él está dispuesto a ponerse "a discreción", ya, en el preciso instante de tomar las armas para entrar en una guerra que no le sabe explicar a élla. Se miran cara a cara sin parpadear un rato que a él le parece eternidad. Ahora los muros son visibles, el piso palpable, las alturas de banderas vivas. No precisa cuándo una amplia senda terminada en selva profunda, esplendorosa, rodeada de arboladura modernista, se le viene aproximando o él se le aproxima a élla de frente, el mundo invadido por cegante luz tropical. Al principio la abuelita Laura casi no lo reconoce. Pronto, cuando lo ve "a discreción" y da tres pasos por ella, lo bendice tres veces con su mano izquierda pensando en el hombre nuestro de cada día -como el pan. Entonces élla desaparece hacia su mundo cotidiano. Y el joven poeta existe ahora iluminado, sin saber si avanzar hacia la talvez senda amiga o hundirse de nuevo en el pórtico antiguo enchapado en cobre, helado, con aldabones de bronce patinado de orín.
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Inédito*

FUMAROLAS DE ABRIL

CAPITULO I*
Sin pensarlo porque carece de intención, no sabe por qué ni para qué anda. Va entrando al pórtico antiguo, enchapado en cobre y con aldabones de bronce patinado de orín. Altas paredes de piedra revegida, varicosa, maquilladas de verdín arcaico, que se prolongan indefinidamente, y por trechos periódicos dejan salida o entrada de corredores innumerables a ambos lados. Sus pasos resuenan en hueco, si se quiere en falsete, mucho más acompasados que las pisadas de él mismo. Tanto que llegan ensordecedores y desarticulados hasta sus oídos casi sellados y se los perforan dejando un cierto dolor medroso, sorpresivo. Mira de soslayo ante la insistencia de los taconeos, desconocidos aunque presuma que son sus mismos pasos, asaz en sordina irreconocible. Sorprendido y extraño de ojeadas en contorno sintiéndose perdido o perseguido por no se sabe qué sombras o qué voces inefables e inaudibles. De pronto un inesperado pasaje en tinieblas le sale al paso y le deja entrever sus entrañas de claroscuro apacible, solemne, impenetrable. Intenta entrar por él, pero un leve temblor en los músculos de la cara le parece el furtivo anuncio de alguna helada negativa. Continúa ahora escuchando su propio bordoneo de tacones, pero ya los siente en su cerebro, insólitos y sospechosos de inautenticidad. Empieza a ver, allá al fondo, una escasa vislumbre imposible de precisar. Sigue avanzando, más bien moviendo mecánicamente sus pies, invadido de zozobras y sin poder imaginar nada ni a nadie. Se detiene un poco a ver si alcanza a pensar en su vida, sus andanzas, su circunstancia; y no, no consigue entender ni hacer memoria de quién es, qué hace, dónde se encuentra, para dónde se dirige. Es que no llega a hacerse conciencia de sí mismo ni de su familia ni de los demás. Ahora le parece que alguna especie de sombra va delante, muy adelante, sin forma propia y sin dejar oír pasos ningunos sino que va metiendo no se sabe qué género de frío, un yelo que impregna todo el ambiente de pesadilla en que le parece existir. Evidentemente como que algo invisible o inexistente ambula ante él, muy adentro, que no quisiera dejarse identificar, ni siquiera detectar o percibir. Un lejano presentimiento de algo no precisable le invade el corazón y se lo deja pletórico de sinsabores y culpa de aquellas que lo persiguieron en su adolescencia y se le presentaron en sueños de brujas y de espantos. Pero ahora esas diabólicas apariciones soñadas antes se le figuran con sotana y otros hábitos religiosos que esparcen el aroma tintineante de sus camándulas y el aleteo delicado de sus cofias sagradas. La atmósfera del interior entrañada y umbría, no por culpa del sol sino por exceso de ese hollín etéreo o inmaterial, le impide ver algo, así sea a dos brazas de distancia. El acre fragancia de una mezcla de incienso y azufre disimulado por algún toque de tabaco en cocción, posiblemente alcanza a trascender al techo pétreo o metálico, que él adivinaría si buscara explicaciones y entendederas en las alturas. Hasta ahora no se le ha ocurrido siquiera balbucir una de esas oraciones que le enseñó la abuelita Laura, mucho menos repetir en silencio el Padre Nuestro que tanto machacó en sus años de monaguillo y catequista. Sus taconeos inarticulados, e insonoros ahora, según una posible presunción ya no son de él, pues a su perdida sensibilidad aparecen ajenos, de alguien que no está presente pero que sí está a través de las ondas supersónicas que llegarían del archivo del universo o sea la memoria del cosmos. Sinembargo él prosigue dando a veces trancazos, a veces pasos mínimos en la bruma, de todos modos vacilantes y ciegos hacia el frente, ya que no se atreve a dar media vuelta y retoceder. Algo podría quedar atrás, venírsele encima, poseerlo por amor o por venganza, vaya él a saberlo. Ahora le sale al paso un zaguán inmenso, caótico y desolado, que lo asedia cuando intenta evadirlo ya por la izquierda, ya por la derecha. Se ve impelido por quién sabe que fuerza de energía desconocida, y tiene que seguir: a él le parece que va retrocediendo hacia adelante, o algo por el estilo. Ineluctablemente ha de continuar por sitios inextricables, presumiblemente inexpugnable, que solamente pudieran haber existido en sus desvelos nocturnos cuando no quería dormirse para evitar las matemáticas visiones del Diablo encarnado en la persona del Padre Dávila, párroco de su pueblo natal. Siempre que intenta abocar una calle o un corredor o un zaguán, indefectiblemente palpa que algo o alguien lo detiene y le impide seguir por ellos en procura de salida, o aunque sea de una luz. Cada vez que una sombra o un ruido o una voz le ha indicado el peligro, él se ha imaginado un "detente, caminante", aunque sabe que ha perdido la capacidad de intuir y de entender. En ocasiones tiene la impresión de que muros, más que paredes, lo acosan por todas partes y su cuerpo danza aprisionado por una inmensa e intangible tenaza, que podría ser de vida pero también de muerte. Llega el momento en que le parece sentir urgencias de orinar, de plañir, de aullar, maldecir y hasta de llorar exclamaciones atronadoras, pero no se sabe qué instinto primitivo o qué presentimiento se lo atranca siempre que lo intenta. No hay duda: toda entrada tiene que tener una salida, así sea escabrosa o ignorada. Cuál y cuándo, es lo que él ignora y no imagina. Sonámbulo sigue y prosigue atolondrado por algo que continúa sin entender y no le permite cambiar de vientos, pues la brújula de su trayectoria se ha paralizado tal como su misma frente, su mismo destino o su propio periplo de lobreguez y cerrazón alcahuetas. Hasta este momento no ha habido derecho a un solo instante de entero raciocinio ni de voluntad. Una suerte de premonición al revés le abre un claro de aire, un tenue relámpago de plata en su mente. Es ahora cuando hace medio sueño de que estuvo en la batalla, que guerreó intensamente, practicó muchas y dolorosas marchas por entre la selva, pernoctó con sus tribularios bajo la maleza a pleno invierno cerrado, fue herido dos veces con tiros de fusil en combates diferentes, hubo de comer carne de mula y de mico salvaje, compuso canciones a sus guerreros y en esos tiempos soñaba con la liberación de los espíritus, se alimentó sin sal ni dulce durante cinco meses y medio... La casi conciencia de algo en su vida pasada lo martiriza ya que puede ser una mala conciencia, perturbación de su estado actual de inocente primigenio. Se asombra de habitar donde habita, de andar funanbuleando por atajos desconocidos y vírgenes, donde seguro nadie ha puesto sus plantas antes de él, o nadie más vuelva a repetir su viacrucis no religioso ni mistificador. Ahora le cae casi una ráfaga de duda: si no hubiera ido a la guerra, si hubiese encontrado alguna otra alternativa, si le tocaría otra vez, algún día o noche, repetir las peripecias de hombre alzado en armas sin ton ni son, solamente por acompañar a sus actores en la huida hacia la cordillera en una retirada que tal vez no se justificaría en cuanto a las mujeres, los ancianos y los niños. Pero no. Inmediatamente es atacado por la duda, el dolor, la desdicha, el abandono de todo incluso de sí mismo y del destino propio y ajeno, que le da igual. Recula ahora a lentos compases desequilibrados, de nuevo al margen de cualquier horizonte y de toda perspectiva geográfica o durable. El tiempo no cuenta para él ahora, ni el espacio es comprensible cuando solo es un embudo ciego, sin copa ni tubo de salida, ni no. Se tienta desnudo del todo, sin pena ni vergüenza, como purificado de toda veleidad y completa lujuria. Envuelto en tanta opacidad insoportable, acelera, trizca, galopa como si fuera el caballo "Azulejo" que le regalara su padre para hacerse buen jinete desde los cinco años de edad. En semejante tiniebla él no puede imaginarse ahora los secretos y tapujos de la abuelita Laura y la tía Ernestina, cuando le consiguieron la beca para el Seminario, a espaldas de don Pablo Antonio, compraron el ajuar, le midieron ropa y probaron zapato. Un estremecimiento helado y escabroso, un baño eléctrico de esos que ofrecía el cacharrero de su pueblo, le recorre todos sus miembros y sus venas. Neto robot avanza hacia el portalón. Parece que ya no se le escapa, pues sonríe esperanzado y su rostro se le ilumina de un fulgor al rojo vivo bajo la negrura sin límites. No se sabe cuánto tiempo duró aquella iluminación, aquel asombro ni aquella alegría, que desbordaron todas las perspectivas presentes. Lo cierto es que ahora, imperceptiblemente, se le han ocultado las paredes, el piso, los anhelos han desaparecido. Puertas, pórticos, portalones, zaguanes, pasillos, entradas y salidas se han esfumado. Esto no solamente se ha cerrado sino que se borró del todo y para siempre la esperanza y el mundo tenebroso. Sacude su cabeza y reacciona. La soledad de adentro y la de afuera de su materia corporal empiezan a recuperarse. Luego las piedras se van alejando, a los lados y arriba. Vuelven a iniciar su desvanecimiento las sombras subterráneas de su pecho y de los muros. En descenso ha venido perdiendo los ruidos, las voces cerradas y arcanas que él mismo nunca pudo escuchar bien pero está intuyendo dudosamente. Así, en actitud hierática viene desembocando en una glorieta interior, embebida en claridad, en solitaria lumbre, habitada por cuerpos reales y misteriosos inundados de ideales por alcanzar y destinos por cumplir a pleno sol. Sólo que esto no es sino un instante de deslumbramiento, por ahora. El joven se rebela, ensimismado, ante la hosca aparición del general Villate, Villota o Villete: ahora no precisa su nombre. Omnubilado escucha la voz de "firmes". Deniega. No quiere ser militar de esos, pero se ve así, en posición de parada militar inconmovible. La lumbre ha menguado poco a poco hasta desaparecer casi del todo, y él no sabe de nada, tal como antes no lo ha sabido. Todo ha sido tropeles de relámpagos. En esa posición lo encuentra la abuelita Laura, al cabo de muchos días. Pero él está dispuesto a ponerse "a discreción", ya, en el preciso instante de tomar las armas para entrar en una guerra que no le sabe explicar a élla. Se miran cara a cara sin parpadear un rato que a él le parece eternidad. Ahora los muros son visibles, el piso palpable, las alturas de banderas vivas. No precisa cuándo una amplia senda terminada en selva profunda, esplendorosa, rodeada de arboladura modernista, se le viene aproximando o él se le aproxima a élla de frente, el mundo invadido por cegante luz tropical. Al principio la abuelita Laura casi no lo reconoce. Pronto, cuando lo ve "a discreción" y da tres pasos por ella, lo bendice tres veces con su mano izquierda pensando en el hombre nuestro de cada día -como el pan. Entonces élla desaparece hacia su mundo cotidiano. Y el joven poeta existe ahora iluminado, sin saber si avanzar hacia la talvez senda amiga o hundirse de nuevo en el pórtico antiguo enchapado en cobre, helado, con aldabones de bronce patinado de orín.
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Inédito*

lunes, enero 09, 2012

DE CHAPARRAL A VIETNAM

Un auténtico escritor que refleja desde el punto de vista temático los conflictos del hombre contemporáneo en sus diversas facetas y desde el punto de vista narrativo la utilización de técnicas o modos de contar que marcaron, junto a otros escritores, el camino cierto de entrada a la modernidad de las letras colombianas. Tal es el caso de Eutiquio Leal, quien nació el 12 de diciembre de 1928 en la ciudad de Chaparral.

El escritor que ha sido jornalero, periodista, agente viajero, soldado raso, guerrillero y profesor universitario por más treinta años, es el único en Colombia que construyó una hermosa casa como producto de sus primeros premios en la mayor parte de concursos literarios de la época. Ha participado en numerosos eventos internacionales y está incluído en las más representativas antologías de cuento.

Objeto de estudio en historias literarias y en ensayos, sobresale como director y cofundador de revistas acionales y extranjeras dedicadas a la cultura en general y a la literatura en particular. Publicaciones suyas, fuera de la dirección ejercida por un tiempo en las revistas Letras Nacionales y Gato Encerrado, aparecen regularmente en importantes medios. Eutiquio Leal, viajero infatigable por Europa, Asia, Sur y Centroamérica, obtiene la traducción de algunos de sus textos y se convierte en miembro fundador y directivo de la Unión Nacional de Escritores, UNE, dirige talleres literarios de los cuales fue su iniciador en Colombia y continúa como catedrático universitario, decano y director de postgrados.

Hace una semana recibió la condecoración Bendeck Olivella, distinción de la Universidad Libre a sus mejores docentes y el doctorado Honoris causa en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla. El hijo legítimo de la violencia que conoce desde la infancia mitos, espantos y muerte en las montañas de su tierra natal, que identifica desde esos años a Julio Flórez o José Eusebio Caro leídos por su madre, está marcado por los recuerdos de su abuela Laura, recurrente en sus cuentos y novelas.

Estudia el autor sus primeras letras con Soledad Medina, maestra de Darío Echandía y Antonio Rocha y luego se le verá leer de corrido, hacer piropos en verso, fundar en tercero elemental el periódico El Tablero, fungir de monaguillo y catequista, saber de memoria el catecismo del padre Astete y hasta ser presidente de la Cruzada eucarística de Chaparral. Esta circunstancia le ofrece las condiciones de convertirse en sacerdote pero su padre, liberal radical, lo deja preparado con su ajuar y su cupo en el seminario para enviarlo, con ayuda de Darío Echandía, a estudiar en la Escuela Normal Superior en Bogotá. Su temperamento díscolo, su esencia rebelde, le hacen participar en una huelga que le vale expulsión y debe instalarse en Tunja a terminar sin interrupciones sus estudios. De vacaciones en su casa, Tiberio Vidales, fundador de la revista Calarma, publica sus primeras palabras en imprenta.

Graduado, su paisana Carmenza Rocha Castilla a la sazón Secretaria de Educación, lo nombra maestro en la próspera ciudad de El Líbano, pero su espíritu de aventura le deja escuchar a un agente viajero que lo invita a vincularse a las Escuelas Internacionales de Estudios por Correspondencia. Por Caldas, con maletín en mano, comprando a su paso en una feria del libro el manual Cuestiones de Leninismo, se brinda un primer encuentro con el caudillo bolchevique, establece contactos con las comunidades indígenas y pide un carnet en el Partido Socialista Demócrata Colombiano que le llega por correo con martillo cruzado y un machete.

Tras vender el diario popular del partido comunista vestido elegantemente con un sombrero azul oscuro y un reluciente maletín y dormir en un parque de Pereira, ahora sin empleo, termina por recomendación de un amigo, dirigiendo en Tuluá las escuelas a distancia y de empleado en el Banco de la República de Cali cuando el calendario marca el 9 de abril de 1946. A la muerte de Gaitán se vuelve agitador de la C.T.C., hace parte como voluntario de la toma de un cuartel y huye a Chaparral donde escucha por la radio que su tutor, Darío Echandía, ha sido nombrado Ministro de Gobierno.

Su camino a la guerrilla empieza cuando en el partido requieren dos hombres letrados, como lo pide Eliseo Velásquez, uno para el llano y otro para el Tolima. Atrás deja las tertulias en Cali con Enrique Buenaventura, Ramiro Andrade, Lino Gil Jaramillo y adelante queda la montaña donde funda el periódico Frente Rojo y ayuda a organizar los famosos Comandos de Autodefensa, origen de las FARC.

Combates, victorias y derrotas, ven en Eutiquio Leal al hombre que cruza por los caminos con una máquina de escribir portátil y un mimeógrafo. Formado el Estado Mayor Conjunto, el intelectual es hecho Comandante y en el escalofrío de la huída pasan de pronto al sur inexplorable para fundar un pueblo: el Davis, donde las avionetas llegan vomitando volantes y ofreciendo recompensas. El futuro escritor muere supuestamente varias veces con sus diversos nombres y es enterrado alegóricamente por su madre, quien lo llora en repetidas ocasiones. Escribir el himno guerrillero, salir acosado en columnas hacia El Pato, Guayabero, Rio Chiquito y Marquetalia, tener bajo sus órdenes a quienes serían más adelante Tirofijo y otros destacados militantes del frente comunista, es una etapa suya que deja en el recuerdo para iniciar una nueva, ésta sí permanente, de irrevocable disciplina: la literatura.

De Viotá, en 1953, pasa a la capital de la república, participa en el Congreso Nacional Guerrillero, se clandestiniza en una zapatería y llega a Barranquilla sin señas de identidad ni documentos. Gracias a sus habilidades, consigue un puesto como dependiente en la librería Nuevo Mundo donde ve lanzar La casa grande de Alvaro Cepeda Samudio gracias a la gestión de Germán Vargas y contempla de lejos a todos los integrantes de la famosa Cueva.

Luego, enganchado en un laboratorio, ejerciendo como visitador médico, asiste al consultorio de Manuel Zapata Olivella quien le estimula y le hace publicar algunos relatos en los diarios. Después, a partir de un concurso nacional organizado por el I Festival de Arte de Cali, gana el primer sonado premio con su excelente cuento Bomba de tiempo que se convierte en clásico. Polémicas literarias, honores tipográficos en páginas centrales del magazín de El Espectador y títulos que refieren muestras de literatura comprometida, darán a la postre con una modalidad en la nación.

De ahí en adelante Eutiquio Leal funda el Primer Taller Literario del país en Cartagena, instaura los viernes del Paraninfo en la Universidad, gana muchos otros concursos convirtiéndose en invencible de ellos, compra su casa en la capital del Valle, se vincula como profesor de medio tiempo en la Universidad de Santiago de Cali, se labra un nombre importante dentro de la literatura, regresa al Tolima como director de Extensión Cultural de la Universidad, cofunda el grupo Pijao, instala más talleres, dicta conferencias, participa en congresos internacionales, dirige el suplemento literario de El Cronista y viaja a Bogotá donde, la cátedra en la Universidad Pedagógica, en la Piloto, en la Central, en la Libre como Decano y en el Rosario como director de un postgrado en crítica.

Doce libros publicados hasta 1993 conforman el acervo de su laborioso tránsito por la literatura. Mitin de alborada, editado por la guerrilla del sur del Tolima en 1950, Agua de fuego, cuentos, en 1963, Después de la noche, novela ganadora de un concurso en 1964, Cambio de luna, cuentos, aparecido en 1969 editado por Populibro, Vietnam, ruta de libertad, en 1973, Bomba de tiempo, Pijao Editores 1974, Ronda de hadas, poemario para niños en 1978, Talleres literarios, dos volúmenes con teoría y métodos, 1984_1987, Música de sinfines, poemario en 1988 y La hora del alcatraz, su más acabada novela, en 1989, fuera del amplio volumen de cuentos El oído en la tierra, de próxima aparición por Pijao Editores.

El absurdo social, el clamor trágico, el coro de resonancia rebelde y de lucha, la dinámica colectiva que ausculta la vida de un pescador mutilado, su familia, logra una comunicación estética en Después de la noche y La hora del alcatraz, sus novelas que, partiendo del criterio del disciplinado y agudo Raymond Williams en su libro Novela y poder en Colombia: 1844_1987, es la encarnación de la novela contemporánea moderna que arranca con la publicación de libros claves como La hojarasca, 1955, de García Márquez, La casa grande de Cepeda Samudio, Respirando el verano (ambas de 1962) de Héctor Rojas Herazo y Después de la noche, de Eutiquio Leal en 1964.

Buscar una nueva manera de contar una historia, incluir una técnica diferente a la utilizada hasta entonces, acercarse a la maestría de Ernest Hemingway en El viejo y el mar, con una vitalidad y vivacidad de gran clase, según lo califica Uriel Ospina, fuera de un agudo cortometraje sobre la miseria de los pescadores en alguna costa del país colombiano, algo así como doce horas en la vida de seres indigentes, enfocada con la objetividad de un camarógrafo pero también con la dominada sensibilidad de un artista, forman parte de las cualidades precursoras y de aporte a la narrativa de un país.

En su cuentística apunta igualmente la renovación, tales los casos de Mitin de alborada o Agua de fuego, pero en esencia las realizadas en Cambio de luna, Bomba de tiempo y El oído en la tierra. Su experimentación con el lenguaje y con diversas técnicas narrativas contemporáneas donde el monólogo, la combinación de los tiempos, la aprehensión del libre movimiento de la conciencia de sus personajes, el punto de vista del narrador, la multiplicidad de voces al estilo griego, dan la medida de una preocupación formal al entender, con claridad, cómo la literatura es la vida vuelta lenguaje.

Narrar historias violentas como en Es mejor que te vayas, tiernas como las de El rosal amarillo, con fondo de muerte y sexo en No mirarse a los ojos, marcan un camino novedoso frente a una narrativa pacata y tradicional, poco dada a los riesgos y sumida en la retórica simple y el supuesto escribir bien. Ya con Bomba de tiempo y sus otros relatos, converge en la vertiente de la autenticidad, claridad social y política que va a un realismo más inteligente que el anterior a los años 30, como puntualiza Isaías Peñas Gutiérrez.

Así mismo se verifica una especialización del trabajo literario, conocimiento y uso de técnicas, abocamiento a la tradición oral con mayor destreza que antes para alejarse del costumbrismo y el formalismo académico precedentes. Consolidar el conocimiento profesional y tener conciencia de tal, es ya un panorama que va a caracterizar a la generación de escritores posterior a García Márquez donde se ubica a Eutiquio Leal, cronológicamente atrás pero secularmente joven, al decir acertado de Peña.

Inaugurar esta nueva era, atenerse menos al documento y más al signo, a los símbolos y a las imágenes, atreverse a lo experimental, reflejar la violencia política, la mentalidad, la sicología y el clima respirado por los colombianos, romper con lo tradicional y hacer de su vida y de su obra un testimonio vital, rebelde y valeroso, especializar su trabajo como obra de arte comprometida en la lucha popular, convierten a Eutiquio Leal en uno de los protagonistas del Tolima en el siglo XX.

Este hombre alto, de pelo largo, caminar rápido y vigoroso, con una capacidad de trabajo impresionante, con una actitud juvenil y una real autenticidad en todo lo que hace y escribe, lleva el nombre de Eutiquio en memoria de un héroe del Partido Comunista Colombiano, Eutiquio Timoté, y el apellido Leal por tratarse del más importante atributo del hombre, como él lo declara. Su nombre de ayer quedó enterrado en una legendaria montaña de Calarma, del Valle de las Hermosas en el Chaparral de sus querencias y hoy ostenta el de un intelectual alrededor del cual se han escrito varios libros y que aún cabalga rebelde e indomable sobre el lomo de la literatura.

Publicación - eltiempo.com - Sección: Información general - Fecha de publicación: 29 de mayo de 1996
Autor (NULLVALUE)
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-307357

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A LA MUSICA SINFIN DE LAS TRINITARIAS

Homenaje a mi querido Maestro Eutiquio Leal - Por Héctor Cediel
http://elatelierdelartista.bligoo.com.co/homenaje-a-mi-querido-maestro-eutiquio-leal-a-la-musica-sinfin-de-las-trinitarias


El carbunclo de la ocarina emocionada
Menguante rosa pordiosera
Fatiga de olvidos y de muerte

Hidalgo andante, abortador de sueños
Viento alígero de olvidos y corazonadas
Hombre puro de boca lironda
Careta de querer alhelí y de metal

Delirante llama cristalina de sones
Misterioso cáliz de vientos ciegos
Socavón de feroces combates
Cementerios de farisaicas lunáticas

Cegadas devoradas por el canto utópico
Angustias ásperas ¡deshojadoras de volcanes!
Esferas inmersas en plenilunios parricidas
Menguantes vergonzantes y placidos visionarios

Rumoranzas de cascabeles sudorosos
Incandescente tiempo sibilino y jornalero
Profaneras congojas promisorias de desvelos
Vientos habidos de arpegios y sentidos polvos

Cinceladas ocarinas de la diapasonada dubitación
Espejo obstinado del exorcismo golosinero
El rio dormita licuado por el transito carnoso
Apaga las luces de las pavesas alboreadas

El tormento placentero de las expresiones amorosas
Interpreta al lenguaje nocturno de la sensibilidad
La poesía de los sentimientos y la semántica de los versos
La poética expresa y la plástica de la prosa creadora

Escribir es soltar el lastre y desfrustrarse
Es interpretar a alas tempestades cósmicas del alma
Es desplomarse con palabras revolucionarias y escribanas

Intentemos trasformar la realidad con nuevos hallazgos
Salir huero el hombre de sus desengaños
¿Existirán orales arco-iris, capaces de salvarnos?
Falta una poesía suprasensible para liberarnos

Sísifo almendra cardo de auroras
Caracola de heridas caprichosas
Geografía simiente de telúricos diamantes
Lógica terapéutica del canto amapolero
Impulsos leoninos de intransferibles destinos

Apaguemos las vocales que niegan la dulzura
Soñemos con el deshielo de la embravecida venganza
La oquedad coqueta de la caracola azul me seduce
Con la patraña migratoria del furor diapasonado

Confieso que he vivido arpegios mágicos y rojos
Cantarinos cual férvidas espumas despeñadas
Pronostico estrellas de las crisálidas incandescentes
Umbríos cascabeles del viento e infieles como el ímpetu

La cabeza del turpial ciclope nos sestea
Como el extraño canto torna nuevo del plenilunio
Rumoranzas que esplenden una ronda de galaxias
Mientras el horizonte desholleja la geología de tu sexo

Se empoza el fuego amatorio
Se desploma tu utópica voluntad
Se revierten farisaicamente los exorcismos

Rosa
Viento
Sospechoso
Cáliz
Locura
Ciega
Relámpago
Siemprevivo
Misterioso
Funerero

Silencio
Amor digitalizado
Aleteante batallar angustioso
Glorioso asaz galopero cósmico
Hipocampo raizal sabanas increpadas ¡despiertas!
Almacigas hazañas increpadas ¡loco éxodo y naufragios!

El enclave herético de las partituras
Muere como la sinrazón del Tántalo
Sorbo el sabor acido de las rocas
La rememora hiel de los carbones encendidos

El fulgor de la nostálgica hoguera
Me permite descifrar enigmáticos crono signos
Tres lustros se requirieron para comprender las cantigas
Como la musicalidad vocal al pronunciar Eutiquio

Amanece diferido el horizonte por el prisma
Sediento sentimiento biológico del fantasmal pecho
Soy un eroscida perseguido por deshojadas margaritas
Banderolas negras pregonan aligeradas corazonadas

El fasto deleite de las canciones arrogantes
Policromos coágulos que engulle tu cáliz
El devenir plomizo de los ateridos devorantes
La picardía oculta y carbonera de tu sonrisa

Pregono un audaz solario con versos enmohecidos
Lunática estela resurgente de pucheros y lagrimas
Cosecho duerme sueños amorosos y veleidosos
Dubitativos encantamientos de huérfanos sentires

Me extravío entre la bruma sobre óptica de la memoria
Me encanto con la belleza de tus pezones y de tu pubis
Penetro con abroquelada obstinación tus tabúes y miedos
Desalo con besos al malogrado destino de tus semillas

Nada le prohíbo a tu inmaculada vergüenza
El desnudo es aleatorio a la libertad recuperada
Redivivo un sinfín delirante de naufragios amorosos
Garabateo la salmuera de tus deshojadas ausencias

Coloreo tus recuerdos fugaces y transitorios
Es la erótica que apostilla tu vientre y tu mundo
El agridulce sempiterno de la gateadora estalagmita
Me permite disfrutar la jugosidad de devoradores besos

La indómita lujuria que perfora a la carne
Absorbe enfebrecida cantaros de estrellas
Goza de la muerte impúdica por el voluptuoso estilete
Del bálsamo teñidos de la corola ¡al redimirla!

Me conmueve la orografía del embriagador placer
Ensueño con el aroma bruñidor de las nostalgias
Son omnímodos los vientos de las incógnitas espinas
Es intrincado el mutismo geológico de tus carcajadas

El coloreo amoroso de las tardías epifanías
Ola pífano sintonía de la acústica de los arpegios
El fuego de los menguantes pezones que he degustado
Las pérfidas golosinas de la placidez mundana

Enséñame el lado edénico y femenino de tu cuerpo
Enreda mi piel con los apegos de la hermosa desventura
Reviérteles las ilusiones a mis pupilas voyeristas
Deseo escribir apetitosas canciones telúricas

Bésame despacio como el susurro de los ósculos
Como la pasión de las cenizas de las noches
Bésame sin asco ni malicia ¡bésame como un mar de ilusiones!

Orquéstame con la sabiduría de tus caderas
Con la tristeza triunfante de los después
Intúyeme deseos para conjugar con tu corola
Entreabre la luz sensual de tus amorosos escombros
Corazona el sentir caminante del Sísifo enamorado
Preludio de las nocturninas confesiones eroseductoras

Héctor "Animal de Vuelo" Cediel
2010-04-08
hcediel2@hotmail.com

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domingo, marzo 27, 2011

Taller de Escritores "Gabriel García Márquez"

Palabras iniciales
Eutiquio Leal

Diseño Gráfico y edición:
Edgar Mora Cuéllar
Esto de los Talleres de Literatura ha sido inspirado en la actividad artesanal característica de la Edad Media asiática y europea.

En los Talleres de los maestros y artesanos no se teorizaba, propiamente; o, al menos, ésto no era la actividad primaria y definitiva.

Allí se partía del ejercicio laboral, del trabajo, de la práctica creadora, y ésta se pensaba luego o en el curso del proceso productivo.

Entonces maestros y operarios decantaban ideas, conceptos, técnicas y principios generales, que asumían como leyes de la producción, de su proceso y de las obras ya elaboradas.

Todo lo anterior llegaba a ser lo que hoy llamamos la teoría de cada área de conocimiento, de cada profesión u oficio, y de las obras producidas. Es decir, la teoría que iluminaba toda la práctica profesional o artesanal.

En los Talleres del artesanado medieval la teoría surgió de la práctica. Se aprendía viendo al maestro y haciendo, y se perfeccionaba practicando; se teorizaba después o simultáneamente con el trabajo de naturaleza manual/mental. Más o menos así mismo ocurría en los Talleres de los artistas de aquella época, y que hoy recordamos como los grandes Maestros de la pintura y la música, de la danza y la ópera, del teatro y la escultura, etc. Por supuesto con la especificidad de que en estos Talleres la relación de su trabajo artístico era (y sigue siendo) mental/manual.

Hoy, algunos prefieren llamar Estudios a sus sitios de trabajo artístico. En lo fundamental, es cuestión de nombre, siempre que no se trate de crear en forma exclusivamente individual e individualista.

Desde luego que los Genios del arte nunca han necesitado concurrir a Talleres ajenos, casi no trabajaron en grupo, ni tenían por qué aceptar coordianadores o directores de su labor, de su proceso creador ni de sus obras maestras. Para ellos ésto jamás será necesario ni admisible. Por algo son Genios.

El Taller de Escritores "Gabriel García Márquez" fue fundado en 1982 bajo el auspicio de la Fundación Universitaria Autónoma, y ha funcionado sin una sola tregua o interrupción. Ya en 1984 publicamos un libro de 204 páginas, bajo el sello editorial de la misma Universidad. Su título: "TALLERES DE LITERATURA -Teoría - Métodologia - Creación".

Los textos que incluimos en la presente muestra constituyen algunos de los escritos trabajados y seleccionados durante la XVIII Promoción de talleristas.(1) Apenas es natural y lógico que las obras publicadas ahora, y que el lector tiene en sus manos, no formen un todo unitario y monolítico en razón de su origen, la diversidad de autores y asuntos tratados. Por tanto, aquí se hallará una notoria desigualdad, una evidente heterogeneidad tanto en cuanto a estilos, concepciones y tratamientos literarios e ideológicos. Sabemos de antemano que cada tallerista solamente aporta y expresa su propia afición, su singular gusto estético, su personal manera de escribir y de sentir, su mayor o menor talento literario. No obstante, en este pequeño volumen puede encontrarse valores, símbolos y significaciones importantes, acaso misteriosos, de jóvenes escritores en agraz.

Sólo en algunos casos ha sido posible exhibir los primeros y los últimos originales de ciertos textos, a fin de que pueda apreciarse las modificaciones que sus autores han querido realizarles -a la luz o a la sombra de los análisis y las críticas expuestas individualmente en el colectivo del Taller. Ninguna de las modificaciones ha sido impuesta u obligatoria: por supuesto solamente han obedecido a la voluntad libre y soberana de sus autores. Resulta comprensible que, si el Taller no produce genios ni crea escritores, no genere obras maestras o geniales. Cada tallerista es lo que viene siendo, se transforma en cuanto él mismo sea capaz, y escribe los textos según su talento, sus sentimientos y sus aptitudes inalienables. Cada uno crea según su propio nivel.

Si estas muestras no sirvieran sino para exponer ante la crítica nacional tanto a los escritos como a sus autores, ya el presente volumen habría cumplido su objetivo y su misión inicial, de todos modos saludables e indispensables para la literatura nuestra y para sus escritores noveles.

POSTSCRIPTUM
De ésta, como de otras promociones, algunos talleristas han merecido premios en concursos nacionales y/o de otros países. Tales son los casos de Guillermo Pulido, Ana Elisa Ferreira, Cecilia Rodríguez, Gina Ballera, el primero en poesía y las otras en cuento.

El presente volumen pretende ser un balance selectivo del trabajo de la Promoción tallerística, a la vez que un modesto homenaje a la Fundación Universitaria Autónoma en su XX aniversario. A ella, a su equipo de Bienestar Universitario y a la oficina de Educación Continuada, expresamos nuestra gratitud y nuestro reconocimiento.              Noviembre, 1990
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(1) Talleristas

Gina Ballera
Luis Barros Pavajeau
Martha Patricia Bonilla
Shirley de los Rios
Manuel Espinosa
Ana Elisa Ferreira
Ricardo Carza
Hector Orlando Gçomez
Lus Stella Hernandez
Alba Regina López
Katya Johanna Luna
Henry Matallana
Mario Mendez
Guillermo Pulido
Cecilia Rodríguez
Maritza Rodriguez
Erwin Vargas
David Vasquez Awad
Victoria Vasquez Awad
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sábado, mayo 08, 2010

Entrevista a Eutiquio Leal en 1997


ENTRE CANTARINAS Y TRINITARIAS.
POLÍTICA Y POESÍA
EN LA OBRA DEL MAESTRO EUTIQUIO LEAL (1928 - 1997).


PRESENTE (1)
Eutiquio Leal

Ya muy pronto nos vamos. Casi ya nos iremos
de tanta dicha junta, por cantarinas penas,
y de la franca ruta de altibajos e inviernos
en que hemos navegado con discretas sirenas.

Siempre ha sido una lucha en nuevos trinos
Junto a todas las voces hirsutas y serenas,
un batallar cerrero de mil potros morenos
por el viento y el limo de gentes azucenas.

Uno se va a la sombra de la más clara herida
o a la luz de la noche sin su rosa encendida,
bajo los resplandores traviesos del amor.

Como así uno regresa, con toda la porfía
con que se ha despedido librando la alegría,
sin pronunciar renuncio ni la palabra adiós.

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Por: Alexánder Andrés Franco Enciso (Antropólogo)
http://www.pereiraculturayturismo.gov.co/dmdocuments/Entre%20cantarinas%20y%20trinitarias.pdf

En el mes de marzo del año 1997 el autor del presente artículo en una de las reuniones del taller de escritores Gabriel García Márquez de la Universidad Autónoma de Colombia en Bogotá, dirigió la que fuera la última entrevista concedida por el maestro Eutiquio Leal. Se presenta por primera vez algunos apartes de ésta y un bosquejo de la obra de quien fuera considerado por algunos escritores y críticos literarios (Isaías Peña, Carlos Orlando Pardo, Jaime Mejía Duque, Manuel Zapata Olivella, entre otros) como fundador de los primeros talleres de literatura en Colombia y uno de los que la renovó con su lenguaje y voces narrativas. Ganador nacional e internacional de varios premios y concursos literarios, Eutiquio Leal escribió innumerables sonetos, cuentos, ensayos y novelas entre las que destacan Mitin de alborada, Música de sinfines. Agua de fuego, Después de la noche, Cambio de luna, Bomba de tiempo, Trinos para sembrar, La hora del alcatraz, El oído de la tierra.

Cuando al maestro Eutiquio Leal se le indagaba acerca de su amplia producción literaria (guionista de cine y televisión, teatro, ensayo, periodismo, cuento, novela y poesía) o de sus viajes como conferencista en Asia, América o Europa, por lo general traía a la memoria su infancia, Vietnam, los movimientos subversivos y su abuela Laura quien lo inició en las lecturas de los magazines dominicales.

Escribía Pere Gimferrer en el prólogo a la novela "Coronación" de José Donoso:

“Hay universos novelescos que impresionan especialmente al lector porque reflejan los fantasmas de una época, sus terrores ocultos, su lado sombrío. La novela es la leyenda del presente, y también su profecía”.

En efecto, la infancia del maestro Eutiquio Leal transcurre en el Chaparral de los años 30: terrateniente, semifeudal e idealizador de Simón Bernate, José María Dionisio Melo, Manuel Murilo Toro, José María Melo, Alfonso Reyes Echandía. También era el Chaparral donde con más ahínco se gestaban los movimientos políticos y subversivos de carácter campesino en Colombia.

La entrevista que a continuación se presenta fue realizada en uno de los talleres que el escritor dirigía en Bogotá. Este trabajo tuvo como propósito confrontar las luchas políticas de los universitarios durante los años 60 y 70 con el retroceso político e ideológico vivido tras el colapso del “socialimperialismo soviético”, el revisionismo armado y la imposición del “fundamentalismo neoliberal” como sustento ideológico de las actuales relaciones sociales de producción y la superestructura. Días después de la entrevista nos enteramos del grave estado de salud de Eutiquio el cual lo llevó en menos de dos meses a la muerte, o como diría Manuel Zapata Olivella en su sepelio:
“Eutiquio no ha muerto,
se ha convertido en un sol o una estrella”…

¿Cómo compara usted la universidad de hoy con aquella de los años 60 y 70 en los temas políticos y cuál era la posición del maestro: cómo vivió la época?

Una de las falencias en la vida universitaria de este momento es que se advierte un desinterés de los estudiantes, una despreocupación de los estudiantes, unos estudiantes al margen de lo que está ocurriendo en el país. Lo confrontamos con lo que era el trabajo universitario en los 60 y 70. Francamente hay que decir que la situación era mejor, había más actividad, había más combatividad, había más estudio personal de los estudiantes, había más participación, las luchas de esos años eran muy agitadas. El estudiante se preocupaba por la ideología, por la política y estudiaba, discutía y participaba en la vida de la nación, hoy eso está desapareciendo si no es que ha desaparecido totalmente.

Una anécdota la viví cuando me tocó dictar clase, concretamente un semestre dedicado al estudio de la obra Edipo Rey. Entré desde la primera vez sosteniendo la tesis que en esa obra no se cumple el complejo de Edipo. No obstante, de ahí fue que Freud tomó las bases para teorizarlo. Estábamos en la época en que Estanislao Zuleta trabajaba con nosotros –lo habíamos llevado allá como vicerrector académico-, él también era profesor y difundió e impartió muchísimo el psicoanálisis. En una reforma que se hizo en las universidades, reforma en la que él y yo trabajábamos, se hizo una énfasis en el marxismo, dijo él. En cada uno de los 10 semestres se veía una obra de Freud, pero en ninguna se veía una obra de Marx. Sin embargo, el enfoque en general era distinto, pero entonces en cada semestre se veía una obra; cuando yo estaba viendo Edipo Rey con el grupo, como plantee esa tesis, entonces el grupo se armó todito, porque el grupo estaba solidario con Estanislao y le parecía un adefesio, un absurdo, que hubiera dictado esa tesis. Entonces a mí me tocó dictar clase con dos micrófonos, un micrófono, aquí de un sector que dirigía el flaco Sánchez que fue decano de Filosofía en la Universidad Nacional, y un micrófono allí de un muchacho cuyo nombre no recuerdo ahorita, que era el jefe de la posición maoísta. Con dos micrófonos así, debí dictar toda la clase. Claro, al principio yo sumamente nervioso y sumamente estresado, casi enajenado.

Bueno, eso lo fuimos dominando y dominando hasta cuando terminaba la clase. Los estudiantes se amanecían desgravando las discusiones y tomaban nota para luego venir a la otra clase para discutir la posición del profesor. Eso era sumamente enriquecedor y preparaba a los estudiantes para la vida diaria, que es una lucha permanente, una discusión permanente.

Se hacían mítines constantemente y se estaba luchando por las reivindicaciones académicas, por supuesto, pero también por las reivindicaciones políticas del pueblo colombiano, ahí hay una diferencia, como digo, muy grande a ese respecto, pero ese interés por los problemas sociales, políticos y académicos sirvió muchísimo porque permitía a la universidad el permanente contacto con las luchas del pueblo. Por ejemplo en esa época nos tomamos la universidad, por esas cosas a mí también me tocó dirigir esa huelga. Esa fue una huelga larga.

Como al mes y medio de habernos tomado la universidad, en una asamblea estábamos ya desesperados porque no sabíamos ya qué hacer. Entonces se nos ocurrió por allá a la medianoche nombrar un decano y un rector: ¡carambas¡ Entonces surgió un nombre. Esa noche llamamos a Álvaro Valencia a Popayán y a Peparotie, un tipo revolucionario toda su vida, y sigue siéndolo. Aceptó, y a los tres días estaba en Cali posesionándose de la rectoría de la Universidad Santiago de Cali. Contra todas las normas, lo posesionamos nosotros. No lo nombró el gobernador, no lo nombraron los fundadores ni el consejo sino nosotros. Ahí terminó la huelga y empezó una vida. Muy importante. A raíz de eso, llamamos a Estanislao Zuleta para que fuera vicerrector académico, dejándonos una experiencia sumamente buena.

Todavía después –eso que les cuento fue en la universidad Santiago de Cali-, cuando llegué a Bogotá yo ya estaba nombrado profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, me lo habían comunicado desde el Icfes para que me viniera. Me tuvieron dos universidades listas, no era sino posesionarme. Bueno, entonces todavía en la Universidad Pedagógica Nacional en los años 70 o finales todavía había una gran actividad, también hicimos huelga ahí; también ganamos una huelga y de allá sí me botaron. Me botaron por haber dirigido esa huelga que ganamos, además porque llegó un rector del Opus Dei y yo había escrito tres artículos desenmascarando lo que era El Opus Dei. Automáticamente yo salí encabezando una lista de 14 profesores y esa lista no se equivocó. ¡Todos los que salimos eran de botar¡ Pero de ahí en adelante la cosa ha ido decayendo. Depronto la Universidad Nacional todavía conserva ese espíritu de lucha, pero universidades como La Universidad Libre donde yo fui profesor de tiempo completo y universidades como la Autónoma donde he sido catedrático desde hace 20años, no se pude ser siquiera profesor de medio tiempo.

Todas estas luchas han venido decayendo, decayendo y decayendo en razón que como son universidades privadas y tienen dueños privados, esos dueños han venido asumiendo una actitud menos académica, más utilitarista y más neoliberal. Hoy ya es eso. Esto ha morigerado las luchas muchísimo. En el año 80 en virtud de que estábamos combatiendo, a mí también me botaron de la Libre junto con otro poco de gente, hartos profesores, como unos 200 en todo el país. Eso amedrentó, yo demandé y gané porque no había ninguna razón académica ni moral, era una riña política. Gané y sigo allá de tiempo completo, pero eso produjo pánico, terror no solamente entre los profesores, sino también entre los estudiantes.

Hoy no hay ningún género de lucha en la Universidad Libre, que es una de las famosas. La Universidad Libre se fundó justamente para que la gente del pueblo pudiera estudiar, surgía en la época en la que no se podía estudiar, no había sino universidades elitistas, eso ha desaparecido. Hoy La Universidad Libre es lo contrario de lo que fue antes durante su fundación y la Universidad Autónoma también es lo contrario de lo que fue durante su fundación, yo llevo aquí también 20 años en eso y he corrido todo ese proceso en el cual venimos retrocediendo, retrocediendo, retrocediendo, incluso esas inmoralidades que se descubrieron en la Universidad Libre, existen aquí. No se han descubierto todavía, aquí hay fundadores que han hecho grandes negocios con la universidad para beneficiar sociedades de sus hijos y de sus familiares y de todas esas cosas.

Yo pienso que nunca es tarde para revivir ese espíritu de lucha dentro de los estudiantes, de lucha por mejorar el nivel académico en primer lugar, para enjuiciar a los profesores que no den la talla y una lucha también no solamente por la matricula, que es una lucha importante, sino también por todos los demás problemas del pueblo colombiano. Nosotros somos la universidad incrustada en el pueblo, viviendo del pueblo, pues es natural que nosotros participemos en esas luchas, yo no digo que participemos en la guerrilla porque somos muy cobardes y no somos capaces de eso, pero hay muchas formas de luchas legales académicas y universitarias, que es necesario levantar, ¿con qué fin es que estamos formando a quienes van a manejar el país, y cómo formamos a los que van a manejar el país como unos pobres pendejos que no hacen mas que recibir lo que les dicen los demás, sin capacidad crítica, sin coraje?. Hasta el coraje hay que estimular.

Sin sentido de la honestidad y sin capacidad de liderazgo, los lideres hay que formarlos en la universidad, estos lideres en nuestro campo, en otro campo los sindicatos formaran lideres en otros sectores, pero a nosotros nos corresponde el estatus universitario para formar los lideres
que necesita el pueblo colombiano.

¿Qué recuerda más de los estudiantes de esa época, eran de armas coger o simplemente hacían parte de grupos de análisis políticos, filosóficos, o solo reinaba el deseo de tener un líder, una cabeza, cómo piensa que pudieron haber sucedido esas reivindicaciones?

Sí, durante esos años se organizaban distintos grupos de estudio. Había, por supuesto, diversas posiciones ideológicas, políticas. Todas hay que respetarlas. En la universidad no solamente se capacitaba a los integrantes de los grupos de estudio, que eran profesores y estudiantes, sino que también se trabajaba, se acordaba ir a los sectores y se iba a los barrios, se iba a veredas, se salía del marco propiamente universitario a conocer los problemas de los sindicatos, conocer los problemas de la gente, y a participar, no solamente participar con las ideas que llevaba cada grupo con su ideología, sino también participar personalmente, y se hacia participación directa en las luchas de los barrios, en las luchas de loas sindicatos. Por ejemplo, en el Valle había una relación estrecha entre la universidad y la FEDEVALLE, la Federación de Trabajadores del Valle. Se colaboraban mutuamente, se les hacia cursos a ellos y se recibían cursos de los obreros. Yo no sé, eso sería para discutirlo y para ver.

Nosotros estamos incrustados en los sectores más antiguos de la ciudad de Bogotá, en aquellos donde hay mayor concentración de universidades. Aquí hay grupos de teatro, musicales, de danza, de intelectuales, de poetas, de narradores, me parece que eso nos debiera compromete a nosotros en el sentido de salirnos de lado, a llevar lo que el aula nos ha dado, a recibir lo que nos da la comunidad, porque en todas partes hay sabiduría. Cuando un estudiante llega a la universidad, la universidad quiere partir de cero y eso es estúpido. No, cuando un estudiante llega a una universidad, viene con un saber, viene con una experiencia, viene con una vida, trae los problemas de su comunidad, y la universidad como si quisiera partir de cero. Ese es un problema académico serio que habría que analizar. Ahora, de acuerdo con la Constitución del 91, hay posibilidades de participar en juntas de acción comunal, las JAL, juntas administrativas locales, en los concejos culturales de las JAL, en un poco de cosas que existen en esta comunidad y que nosotros ignoramos y de las cuales no quisiéramos untarnos, ese seria otra de las cuestiones para plantear.

Y en relación con la pregunta, pues en esa época la universidad se vinculaba y se metía al barro, participaba y luchaba. Por ejemplo en Cali participamos como universidades, como estudiantes y profesores en toma de terrenos y en construcción de barrios nuevos. Cali es tal vez la ciudad pionera en eso. Allá había un dirigente que sé llamo Julio Rincón y hubo otro llamado Julio Barberena. Julio Barberena era abogado y Julio Rincón un líder político. Este último organizaba las masas durante meses en unos comités pro viviendas, ahí surgió PROVIVIENDA. Escogían un puente y allí iban, ya tenían escogido el terreno y tenían los planos, y todo listo. Asignaron los lotes, llegaban y se los tomaban. Por allá el martes o miércoles cuando la policía iba, ya Julio Barberena como abogado estaba asumiendo la defensa jurídica del derecho a habitación de los colombianos y Julio Rincón, concejal liberal, ayudaba en la legalización de todos esos barrios. En eso participaban los profesores, la universidad. Hoy parece que eso no fuera competencia nuestra.

Hay una reivindicación que ahora sé esta retomando mucho entre los estudiantes y es la reivindicación de la autonomía universitaria, ¿fue que hubo una dura contienda en posiciones como las de la juventud patriótica y otras más radicales que se oponían a eso? ¿Que podría comentar al respecto?

Sí, ese problema de la autonomía universitaria hace tiempo se viene planteando. Por esa época, años 60 y 70, lo planteamos y lo planteábamos a muchos grupos. Lo planteaba la JUPA, los comunistas, los Roja-Pinillistas, los maoístas. En cuanto a la independencia de la universidad había unanimidad, en lo que no había acuerdo total era en la manera de lograrlo.
Algunos querían lograrlo por medidas de fuerza, terroristas incluso. Otros querían lograrlo mediante la discusión, el acuerdo, y dentro del ámbito universitario para buscar la influencia en los parlamentarios y convertirlo en ley. Había esas dos tendencias. Ahora, hoy el problema de la autonomía universitaria es abstracto, en letra existe pero en la practica no.
Si nos concretamos en la Universidad Libre y en la Universidad Autónoma, que son las dos que yo conozco mejor, encontramos que esa autonomía esta reducida y limitada a lo que determinen los dueños. Los dueños de la Universidad Libre son de dos logias masónicas y los dueños de la Autónoma son una especie de logia de conversos, gente que un día fue y que hoy no es, ambos son gente de esos tipos que como dice el tango de Gardel: ”la tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser”

Esos son los dueños de las universidades, viven con la tristeza de haber sido y con el dolor de ya no ser porque ya son neoliberales y ahora son capitalistas y no les interesa más que eso, entonces no hay realmente autonomía universitaria en la Libre y en la Autónoma. Yo no sé de otras universidades pero en las universidades privadas esta ocurriendo eso; y en toda la educación privada también esta ocurriendo eso, me parece que nosotros como educadores y ellos como estudiantes progresistas no podemos seguir tolerando eso, tenemos que por lo menos empezar a denunciarlo pero no solamente denunciarlo en una hoja volante, eso sirve, hay que denunciarlo también en asambleas masivas. Mientras no se hagan asambleas masivas eso no funciona. ¿Qué fue lo que ocurrió con la placa que pusieron los profesores en el auditorio allá en la Autónoma? (2) Hubo una determinación del sindicato de los profesores y eso debe ser respetado en cualquier parte. Bueno, al otro día bajaron Rico y Pedraza y la quitaron, entonces dónde está la autonomía, es que la autonomía no es solamente de la universidad frente al establecimiento, sino autonomía interna, del estudiante también, se habla de la autonomía y eso ha desaparecido en todos los estamentos.

En los años 60 y 70 ocurría mucha agitación política, ¿qué relación había o cómo veían los estudiantes y profesores la vinculación del movimiento estudiantil con luchas por como las de Vietnam o Norteamérica?

En esa época a mí me toco ir a la guerra de Vietnam. Yo estuve allá, no fue por obra y gracia del espíritu santo, pero un hecho que determinó la política en América y en el mundo entero fue el movimiento de mayo del 68. Este conmovió toda la población universitaria así como la revolución cubana conmovió a América latina y abrió unos horizontes y estimulo a todas las luchas, de manera que la universidad de esa época de ninguna manera fue indiferente o estuvo ausente de eso, estuvo participando en todas esa luchas y por supuesto eso es saludable porque despierta el espíritu critico y el espíritu de lucha. Sin lucha nosotros los esclavos nos perderíamos en toda esa vaina. Sin esas luchas que culminó Espartaco no se hubiera culminado la esclavitud, sin las luchas de los artesanos y los campesinos franceses no se hubiera hecho la revolución francesa de hace dos siglos, y sin esas luchas no hubieran surgido los dirigentes que hay hoy.

Es que si tomamos un ejemplo, Fidel Castro, es un ejemplo de las luchas universitarias, él no es producto de una improvisación, ni de una determinada potestad, no! Cuando el 9 de abril lo agarró aquí en Bogotá, él estaba ahí, con una comisión de estudiantes latinoamericanos promoviendo la realización de un congreso latinoamericano de estudiantes y ellos habían acordado que Gaitán inaugurara ese congreso porque Gaitán en ese momento era un líder del pueblo colombiano y era un tipo progresista. Entonces todo eso influyó y nosotros lo asumimos. Quiero decirles que nosotros no nos avergonzamos de haber participado en eso, que nosotros nos debemos también a ese tipo de luchas y que aspiramos a que esa conducta universitaria tanto de profesores como de estudiantes se reivindique, se revitalice en la actualidad porque es la única manera de salvar el movimiento estudiantil o universitario, el movimiento educativo colombiano.
(Fin de la entrevista.)

Cada época trae sus héroes o sus cuitas y Jorge Hernández dejó de ser su pasado, su infancia, su juventud para convertirse políticamente en el “Comandante Olimpo” y asumir el mundo de las letras como Eutiquio Leal.

Quizá sean los versos-homenaje del poeta monteriano Zabier Hernández Buelvas los que describen con más juicio el trasegar de Eutiquio Leal:

"Leal como fuiste
Moriste
Cuentan quienes te escoltaban
El día de tu muerte
Que te vieron levantarte
y caminar erguido
con tu cabellera andante
al encuentro de tu destino
a la reunión eterna con los dioses del Olimpo
¿Por cierto, no era este tu nombre de guerra y de lucha?
Adiós comandante Olimpo
Este jardín que tú intentaste que floreciera
Hoy pisoteado
Renacerá un día
Y esa será tu recompensa
¡Salud a los muertos que lucharon!”

Agradecimientos

A Mercedes Buitrago, compañera sentimental de Eutiquio Leal, a los escritores y miembros activos del taller de escritores Gabriel García Márquez: Pemán, Ricardo Carza, Arturo Cisneros, Hugo Correa y Alexander Caro. A la comunicadora social Jenny Chalarca Hoyos por la transcripción de la entrevista.

Referencias

Donoso, José. 1974. Coronación. Salvat. Barcelona.
Leal, Eutiquio. 1967. Tú pesadilla. Revista Razón y Fábula. No 1. Universidad de los Andes.
Bogotá.
Pardo, Carlos Orlando. 1988. Vida y obra de Eutiquio Leal. Apartes. Revista Consigna Edición
353. Año XII, Nueva Época. Bogotá.
1 Último soneto del maestro Eutiquio Leal, escrito días antes de su muerte en el instituto cancerólogico de Bogotá el 13 de Mayo de 1997.
2 Se hace alusión a una placa dedicada al profesor Jaime Pardo Leal.

Teatro A

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Hipólito Rivera, Jorge Eliécer Pardo, EUTIQUIO LEAL, Dario Ortíz Vidales y Carlos Orlando Pardo